OUTWORLD MADRID

Outworld Madrid: Así se construyó una de las experiencias más ambiciosas del hard techno

El pasado 21 de marzo, más de 15 mil personas llegaron hasta IFEMA para vivir una nueva edición de Outworld Madrid, el concepto creado por Klangkuenstler que, más que un evento, busca convertirse en una experiencia total.

Hoy, ese proceso quedó al descubierto con el estreno de su documental oficial, donde el propio artista muestra —desde dentro— cómo se levanta uno de los shows más complejos de la escena electrónica actual.

La historia comienza días antes del evento. Contra todo pronóstico, la producción completa fue montada en apenas dos días y medio. “Para una producción de este tamaño, normalmente necesitas entre cinco y seis días, pero lo logramos en dos y medio”, explicó el productor alemán.

En el centro de esta narrativa aparece el Outworld Reactor, una pieza completamente custom diseñada como el corazón del show. No es un elemento más: es el eje visual y conceptual de toda la experiencia. “Todo es hecho a medida… nada de esto se puede arrendar, todo fue diseñado específicamente para Outworld” . A su alrededor, un despliegue 360° con anillos, luces, láseres y plataformas elevadas buscó resolver uno de los grandes desafíos: que cada persona, sin importar dónde estuviera, sintiera lo mismo.

Pero Outworld no se entiende solo desde lo visual. La música también es parte esencial del concepto. Lejos de sets predefinidos, Klangkuenstler construye cada presentación en tiempo real, guiado por energía y narrativa. “Nunca planifico mis sets… necesito tener las canciones ordenadas, pero decido en el momento qué tocar” . Para esta edición, preparó cerca de cincuenta tracks nuevos, entre material comprado y edits propios, manteniendo una identidad marcada por el hard techno con estética old school.

Ese enfoque también implica reinterpretar su propio catálogo: “Incluso edité tracks antiguos de tech house de hace 10 años y los convertí en techno minimalista para el warm up”. Una lógica que refuerza la idea de que Outworld no es un show repetible, sino una experiencia que evoluciona en cada edición.

“Esto es más que una fiesta, es una experiencia (…) pienso todos los días en cómo hacerla especial para la gente”, explica Klangkuenstler. Desde la cantidad de baños hasta la fluidez del acceso, cada decisión responde a esa lógica. Y aunque la presión es constante —15 mil personas, expectativas distintas, variables fuera de control—, el resultado final parece justificar todo.

Outworld Madrid también marcó el final de una etapa. Tras tres años consecutivos en IFEMA, el proyecto no regresará a este venue, con la mira puesta en un nuevo espacio que permita seguir expandiendo su propuesta a nivel técnico y creativo.

El siguiente paso, sin embargo, no se limita a una ciudad. La ambición es global. “Me encantaría llevar Outworld a Argentina, Asia o Australia… estamos trabajando en eso, pero es un proceso que hay que construir paso a paso”, menciona Klangkuenstler.